La Ruta del Algodón Biodinámico en Argentina


Así es el camino de la ropa de algodón orgánico en la Argentina, desde su producción por comunidades QOM hasta los tintes naturales.


"Somos apasionados por hacer una fibra natural en armonía con la naturaleza y queremos que la gente se sume a esta historia", dice Martín Alonso, el fundador y "gerente espiritual" de Stay True, la única marca en el país que fomenta una agricultura biodinámica para la industria textil.


Por Sabrina Pozzi
spozzi@carbono.news

Así es el camino de la ropa de algodón orgánico en la Argentina, desde su producción por comunidades QOM hasta los tintes naturales


Fuente: MET Textiles

La industria de la moda es la segunda más contaminante del mundo después del petróleo. Según un informe de la ONU, la producción textil es responsable del 20% del desperdicio total de agua y alrededor del 10% de las emisiones globales de dióxido de carbono. Sin embargo, en este contexto de crisis climática, hay emprendedores que se alejan de la "moda" convencional para diseñar ropa sostenible que cuida el ambiente, a los trabajadores y a los consumidores.

La fibra natural de algodón se usa desde hace siglos y es el producto agrícola no alimentario de mayor producción. En la Argentina, la marca "Stay True" ("Permanece fiel") es la única que tiene la certificación LETIS avalada por el SENASA de producción orgánica de algodón. Esto significa que no utiliza pesticidas ni fertilizantes sintéticos en los cultivos y, por lo tanto, no contamina. Además, la agricultura que implementa es biodinámica: no solo tiene presente los cuidados biológicos del suelo, sino también los acontecimientos astronómicos. Es decir, quienes cultivan lo hacen siguiendo un calendario basado en el movimiento de los astros. También, implica que se respeten las condiciones de trabajo y sueldo digno de los trabajadores.


"Hay mucha gente que se pone al hombro el proyecto. No es una relación comercial típica, es como una gran familia, pero cada uno separado", detalla Martín

(Foto: Agroempresario)


Su fundador, encargado, y "gerente espiritual" -así se define- es Martín Alonso (54) y vive en Buenos Aires. Sin embargo, los cultivos se encuentran en Chaco, en propiedades de comunidades QOM de Campo Medina, en Punta del Indio, y son ellos quienes producen el algodón de manera ecológica. Luego, se trae a Buenos Aires donde se hacen los cortes para las remeras que se tiñen con tintes naturales, y se estampan con productos sustentables, con diseños que fomentan una vida amigable con el ambiente. Cada una de estas etapas involucra a emprendedores que decidieron alejarse de las grandes marcas que no tienen conciencia ambiental.

Martín conoció la producción orgánica en 2004 cuando Nike, la empresa donde trabajaba entonces, lanzó una tanda de remeras de este tipo. Ahí nació su deseo de producir de manera sostenible, aunque llevarlo a cabo no le fue fácil ya que, como cuenta a Carbono News, "no había muchos interesados en acompañarlo".

En 2014 Alonso fundó su marca Stay True Organic y empezó a vender algunas prendas orgánicas importadas. Pero ese mismo año escuchó una charla sobre "biodinámica" que daba un hombre QOM y quedó fascinado. Así empezó el camino del algodón orgánico en la Argentina.

"La biodinámica es el tratamiento que se le hace a la granja como organismo vivo. No solo es importante el algodón, sino también la calidad de vida de los trabajadores", explica el fundador de Stay True y aclara: "Para ser biodinámico tenés que ser orgánico". Así, se diferencia de otros productores, que a pesar de ser orgánicos no tienen en cuenta las condiciones laborales.

Stay True vende, de algodón, únicamente remeras; pero también ofrece prendas y accesorios elaborados con cáñamo industrial orgánico importado y ropa vintage. "Somos apasionados por hacer una fibra natural en armonía con la naturaleza y queremos que la gente se sume a esta historia porque los cambios son profundos o se quedan en el maquillaje", dice Martín.


"El equilibrio y la armonía en la granja se trabaja como un todo. Se calcula que por hectárea hay 20.000 nutrientes debajo de la tierra. Cuando los demás les agregan agroquímicos no queda ni el loro, se va esa vida", dice Martín Alonso

(Foto: @staytrueorganic)

"Lamentablemente somos los únicos que tenemos la certificación de algodón orgánico en el país. Además, contamos con las certificaciones de biodinámica ‘Demeter' y la de ‘Fair Trade', que es la de comercio justo, ambas extranjeras porque no están homologadas en Argentina. Nadie las pide, pero se las valora cada vez más", enumera Martín.


Stay True vende, de manera minorista o a mayoristas, ropa orgánica: remeras, pantalones, barbijos, toallas, buzos; pero solo las remeras son de algodón orgánico argentino.

(Foto: @staytrueorganic)

El camino de las remeras orgánicas:

En el campo: 12 familias QOM cultivan el algodón (una hectárea y media cada una). Cuentan con 15 hectáreas, pero quieren llevarlas a 25. Luego, Martín les compra la producción. Se cosecha una vez al año.

Desmotadora: la materia prima se traslada a galpones para desmotarla, es decir, quitarle la semilla. "No las tiramos sino que sirven para nuevas siembras ya que son nativas y las cuidamos como oro porque no se consiguen", aclara Martín.

Hilado: en galpones de 100 metros de largo, la fibra de algodón pasa por las máquinas que hacen el hilado, según el tipo de tejido que se busque, como el jersey. Así, se genera el rollo de tela, automáticamente, de 20 kilos. Naturalmente, pueden ser de color negro, blanco o crudo.

Flete: los rollos de algodón se transportan a Buenos Aires y, en la localidad de Derqui, otras personas le hacen los cortes para las remeras.

Teñido: con tintes naturales.

Estampado: con productos amigables con el ambiente y un mensaje "ecofriendly".

Venta únicamente a pedido: no trabajan con stock. "Sino sería inviable", dice Martín.

Las dificultades: El fundador señala el alto costo de los fletes para hacer todo el recorrido y explica que solo hace remeras por el "negocio monopólico" de los galpones de tejido ya que solo aceptan "grandes cantidades de fibras" para operar y Stay True no llega a ese "mínimo". "Te limita", se queja.

Tintes naturales: materias primas que dan color y vuelven a la tierra

Alexia Ramos Lasso tiene 29 años y un gran trayecto recorrido dentro del mundo textil. Es diseñadora de indumentaria, pero se dedica al teñido y estampado de telas con tintes naturales de manera artesanal. Su emprendimiento se llama Met y es una de las referentes en este método disruptivo y ecológico para el cuidado de las prendas.


"Es importante que la prenda dentro de la olla tenga lugar así sale con un teñido parejo ya que si está apretada puede salir veteada", dijo Alexia

(Foto: @mettextiles)

En diálogo con Carbono News, cuenta por qué dejó el diseño: "Trabajé en ciertas marcas y no me gustaba en absoluto todo lo que es la parte de talleres ya que la mayoría son clandestinos y las personas no están en condiciones, les pagan dos mangos, y formar parte de eso no me dejaba tranquila. Sentía que no encajaba".


"Cuando laburaba para una marca mayorista de ropa de chicos en Flores, justo cuando íbamos a cerrar un tiempo por vacaciones, escuché a mi jefa diciendo ‘bueno fijense que en el taller no queden ninguna de nuestras etiquetas ni nada donde aparezca nuestra marca por si cae algún allanamiento'", relata Alexia.


"Uno está acostumbrado a que las telas industriales tienen un color mega parejo y acá todo es distinto. La cebolla, según la temporada del año, tiene cáscara casi blanca o bien anaranjada, eso influye que color queda en la tela. Tenés que jugar con esas variables. Siempre es lo primero que les aclaro a las personas apenas consultan. Estamos hablando otro lenguaje. Por lo general, la gente se re copa y le encanta", cuenta Alexia

Por eso, comenzó a pensar en alternativas "más conscientes". "Se me ocurrió el teñido por buscar información en internet. Ahora en el país es un boom, pero hace unos años solo Luciana Marrone era la única involucrada en ese mundo. Me la recomendaron desde la facultad", dice y aclara que con ella aprendió el oficio.

Hace tres años se cruzó con Martín, quien en ese entonces solo vendía productos blancos y negros, y el trabajo de Alexia encajaba perfecto. Desde entonces, se encarga de teñir las telas o prendas tanto para Stay True como para otros emprendedores y marcas.

Los tintes naturales se trabajan a partir de materias primas sean o no orgánicas. "En Met me focalicé en rescatar lo que para otras industrias son desechos y en su mayoría consigo gratis. En algunos restaurantes y verdulerías me juntan las cáscaras de cebolla y los carozos de palta, y una mujer de Tigre que vende nueces pecan también me guarda las cáscaras. De los aserraderos consigo la viruta del quebracho. Utilizo, además, polvo de yerba mate y plantas como eucalipto y la grevillea que tienen propiedades tintóreas así como las medicinales", detalla.

Para ella, lo importante es "darle circularidad" a esos materiales. Por eso, luego de usarlos, los "devuelve a la tierra para compostarlos".

"Ahora la gente se está animando más a comprar ropa de emprendedores que no sean de las grandes marcas", dice Alexia.

Alexia explica que, en el teñido, la cantidad de material que se utiliza tiene que pesar la mitad de la tela. Aunque los procedimientos y el tiempo varían, en general el trabajo consiste en hervir los materiales en una olla de acero inoxidable (ella usa una de 100 litros) y, luego de aproximadamente una hora y media, quitar el material y agregar la tela. Se mantiene a fuego bajo por una hora más y, por último, se saca la prenda, se enjuaga y se pone a secar, enumera la experta.


Materias primas para el teñido de las telas

(Foto: @mettextiles)

El diseño: mensajes para cambiar el mundo

Jesús García es un diseñador gráfico independiente y uno de sus trabajos es pensar y armar las estampas para las remeras orgánicas. Se unió al proyecto Stay True cuando vio lo que hacía Martín, y se puso en contacto.

Diseño con un mensaje que indica el origen de la ropa y la importancia de cuidar al ambiente

(Foto: Gentileza/ Jesús García)

"Trato de hacer algo que tenga impacto, sea llamativo, comercial y que, a la vez, tenga un mensaje. Lo importante es que represente a la marca", dice a Carbono News.

Además, cuenta que trata de hacer su trabajo de modo sustentable. "No compro hojas, sino que uso las que ya están usadas, o escritas de un lado, como borradores. Algunas me las dan empresas locales que ya no las utilizan", afirma.


"Uso distintos materiales como tableta gráfica digital, computadora y lápices de grafito que no compro desde hace 10 años porque los uso hasta el último centímetro".

Luego, estos diseños son estampados por Martín y otros colaboradores con productos amigables con el ambiente. "La respuesta de la gente es muy buena", añade Jesús.

Lo que falta: más agricultura biodinámica y el cultivo del cáñamo industrial.

"Arrancamos con la ilusión de que mucha gente se iba a copar a la par nuestra, pero no pasó, no sé si es un tema de cómo lo transmitimos o qué", se lamenta Martín.

Otro gran paso que le gustaría dar es empezar a cultivar cáñamo industrial y así dejar de importarlo. El cáñamo es una planta de la familia del cannabis, considerado la fibra textil de origen vegetal más larga, suave y resistente, por lo que desde hace siglos se usa para fabricar telas.

A pesar de que el cáñamo no posee efectos psicoactivos, la legislación argentina mantiene prohibido su cultivo -como ocurre en muchos otros países- a partir de una decisión tomada en 1977 por el dictador Jorge Rafael Videla, al considerarlo una "droga".

Martín es uno de los activistas que se moviliza para cambiar esta ley. "Estamos trabajando con la Cámara de Senadores, porque está ahí el proyecto de habilitar el cáñamo industrial. Queremos que se modifique lo que se tenga que modificar para hacer una industria sana, justa y transparente", dice.

"La moda nosotros no sabemos qué es, no hacemos ningún producto estacionario", afirma Martín.

El objetivo de este emprendedor es que el comercio sea efectivo para todos. "Maximizar la rentabilidad como lo hacen las grandes marcas ya es otra historia, hoy se vive cooperando. No tendría que haber competidores, sino una armonía entre los sectores. Pero no hay ningún programa nacional de fibras naturales en la industria textil"- explica-. "El desafío es contagiar, porque uno solo no puede generar una industria diferente".



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